Acaba el año y el terrorismo machista sigue actuando
Tres de cada cuatro mujeres en el mundo ha sufrido alguna vez en su vida violencia machista. Es decir, han sido golpeadas o insultadas de manera reiterada y abusiva por su pareja o ex pareja o han sufrido una agresión sexual por un conocido o desconocido
Marisela Escobedo, defensora de los derechos de las mujeres de Ciudad Juárez, fue asesinada el pasado 16 de Diciembre mientras exigía ante el Palacio de Gobernación de Chihuahua que se cumpliera la sentencia en contra del asesino de su hija, Rubí Marisol Frayre Escobedo. Este acto, grabado desde una cámara de seguridad, es otra muestra más de la impunidad con la que se sesga la vida de miles y miles de mujeres en el mundo.
Se equivoca quien piense que este asesinato es consecuencia de la violencia callejera; porque la causa es la cultura de discriminación y violencia contra las mujeres que se sostiene desde ‘el Estado’ (en este caso, el mexicano).
Durante años nos hemos ido a costumbrando a ubicar en Ciudad Juárez la máxima expresión del terrorismo machista, sin embargo, en estos últimos años, la ola de feminicios se ha extendido por centroamérica, en especial por Guatemala, El Salvador y Honduras. Guatemala ocupa ya el ranking internacional del feminicidio: 847 mujeres asesinadas en 2009, 720 mujeres asesinadas en 2010, según la Procuraduría de Derechos Humanos. Una cifra escandalosa que se agrava aún más al saber que el 98 por ciento de estos crímenes quedan sin castigo, según la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).
Desde 2008, la legislación de Guatemala reconoce el delito del feminicidio: el asesinato de mujeres por el simple hecho de serlo, motivado por el odio y la misoginia.
“Los feminicidios están considerados como crímenes impersonales. El que mata a la mujer no tiene ninguna relación con ella. Es un crimen anónimo. El que asesina no conoce a la víctima y la mata por el hecho de ser mujer. Es lo nuevo del fenómeno”, explica Walda Barrios-Klee, consejera asesora de la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas. Otro factor distintivo es la brutalidad empleada antes y después de la muerte de la víctima. “No se mata únicamente, sino que se persigue todo un ritual en el asesinato: tortura, mutilación y violación. Hay violación siempre, acompañada por un sadismo excesivo”, precisa. Los cadáveres aparecen a menudo descuartizados, con las uñas arrancadas y la cara desfigurada.
La barbarie se banaliza y ante la saturación de imágenes y noticias, se extiende la inmunización ante este tipo de terrorismo, que identifica cada asesinada como ‘otra víctima más’
En España, la lacra de la violencia machista deja un balance en el año 2010 terriblemente descorazondor de mujeres asesinadas que rompe con la tendencia de minoración de casos de violencia de los últimos años.
Es evidente que hace falta una respuesta institucional y ciudadana contundente, con recursos suficientes y un abordaje desde la amplia dimensión que tiene la violencia machista. Se trata de acabar con el sistema de dominación patriarcal, la división sexual del trabajo y la asimetría jerárquica del valor que se concede al trabajo productivo y al trabajo reproductivo.
Los discursos políticos ya no son suficientes. Hay que convertir la eliminación de esta lacra social en el objetivo prioritario del modelo de desarrollo.
¡¡Ni una muerta más!!
Pingback: Asesinan a activista que luchó contra los feminicidios en México «