Avanzando hacia una nueva Ley de aborto
¿Será cierto que en España la reivindicación feminista de nosotras parimos, nosotras decidimos se convertirá finalmente en una realidad palpable? La Vicepresidenta ha confirmado que habrá nueva Ley del aborto dentro de un año. Esta reforma legislativa pretende atender a un doble objetivo: que las mujeres que decidan interrumpir su embarazo y los/as profesionales que las atienden se sientan “seguros” y que en la nueva norma quede “meridianamente claro” en qué condiciones las mujeres pueden abortar y en cuáles no.
No puedo evitar estar con la mosca detrás de la oreja, demasiadas vacilaciones como para pensar ingenuamente que se ha iniciado el proceso para una Ley de plazos, al estilo de la legislación europea más avanzada. En España llevamos 22 años topándonos con la resistencias a reconocer que el ordenamiento jurídico ha garantizar y “respetar la autonomía de elección de la mujer” y ofrecer “las condiciones de una decisión libre y directa”.
Las reacciones no se han hecho esperar.
El Vaticano ya ha anunciado que continuará con su campaña internacional pro-moratoria por la que ha solicitado a la ONU la suspensión de todas las Leyes de aborto. Ahora piden un diálogo cordial, después de tanto ensañamiento contra las mujeres que se han visto en la necesidad de interrumpir voluntariamente su embarazo y contra las clínicas autorizadas en España a practicarlo. Algunas anti-elección han tenido que acudir a estos centros para lo mismo que muchas otras mujeres que son hostigadas por los grupos pro-vida. Pero ahí está su doble moralina, la misma por la que conceden más derechos y dignidad al no-nato que a las mujeres, ciudadanas, residentes y por lo tanto, sujetos de derechos; la misma que en ocasiones les lleva a justificar que el único aborto ético es el mío.
También desde algunos colectivos feministas han reaccionado a esta noticia, manifestando su malestar por no haber sido invitadas a formar parte del comité de expertos que se encargará de elaborar el texto de la nueva ley del aborto. Entiendo su reacción, aunque creo que puestas a pedir ser escuchadas, sería necesario aclarar que ninguna entidad o colectivo puede representar la diversidad existente entre las mujeres feministas españolas, no sólo por las diferentes perspectivas ideológicas sino también por la aceptación o no de las estructuras tradicionales de participación social; cada vez son más las feministas independientes que elevan su voz, por sí mismas, sin pantallas ni estructuras de representación institucional.
Celebro el avance que representa esta decisión y deseo que las diversas reuniones que la vicepresidenta ha prometido para escuchar a “todas las voces”, faciliten que el gobierno asuma de una vez la responsabilidad de extender las garantías jurídicas suficientes para el ejercicio de los derechos de las mujeres, teniendo muy presente que el Consejo de Europa consagra el derecho al aborto “legal y sin riegos”.