Cuaderno de viaje I: Lesvos
Con lo urbanita que soy me sorprende lo poco que he echado de menos la city y el asfalto estas semanas y es que he tenido entretenimiento en mi recorrido veraniego por las islas griegas, entre tanta greek salad, fresh fish y sobre todo beach, mucha beach – con más piedras que arena- y por supuesto la correspondiente dosis de confraternización local.
🙂
María, resultó ser también una excelente compañera de viaje, con ganas de descubrir rincones, disfrutar de la naturaleza y capaz de ensimismarse con la lectura de un libro o el silencio embriagador del horizonte inagotable.
Viajamos con el Itinerario abierto, tan sólo con el billete de ida, el de vuelta y el alojamiento durante las tres primeras noches; y lo demás a ir valorando sobre la marcha.
Iniciamos el periplo en un destino mítico, la Isla de Lesvos, previo tránsito en Atenas; y Skala Eresos -cuna de Safo– fue el primer lugar elegido.
La llegada estuvo acompañada del encontronazo directo con la actitud agresiva y el comportamiento poco profesional de la única agencia de viajes de Skala Eresos- con quienes habíamos contratado el servicio de taxi desde el aeropuerto de Mytelene a Skala Eresos (90 km, hacia el noroeste) y que ya contaré en otro post; y a peser de esto, fue fácil liberarnos allí de tensiones y rutinas cotidianas 🙂
Skala Eresos es una pequeña villa marítima volcada hacia el turismo, aún en pequeña escala, que se acostumbra desde ya hace tiempo a la llegada de mujeres de diferentes paises durante el mes de septiembre, para participar del Festival de Mujeres artistas que se organiza allí todos los años. La infraestructura hotelera toma nota de cómo se mueve el mercado y entre toda la oferta disponible hay 3 hoteles “women only”: el Mascot, el Sapho y el Antiopi; éste último a medio camino entre casa rural y albergue; y luego está la oferta privada de “rooms to let” que abundan por doquier, son pequeños estudios que resultan bastante más cómodos y económicos que los hoteles.
Caminando por el paseo marítimo nos llamó la atención esta escultura que pretende ser un homenje a las mujeres y para ello, qué mejor que representarlas a todas ellas como un único ser ¡¡¡¡sin cabeza!!!! y yo que iba tan contenta por el buen ambiente que se respiraba en el pueblo. Diversidad, JA! es que no se puede confiar una que a nada que bajas la guardia .. zaca!!
De la estatua de Safo mejor ya ni cuento, que aún sigo horrorizada al recordarla.
Seguimos el recorrido por la isla rodeando la bahía de Kalloní, donde se comen unas sardinitas que están buenísimas, ya sean grilladas (al grill) o en una especie de sushi que hacen con ellas y que es todo un descubrimiento 😛 y hacia el sur de la isla, antes de entrar en la zona más turística, llegamos a Vatera, una playa de arena (por fin!!!!) de unos 8 km que se extiende a lo largo de una carretera que seguramente llevará a alguna otra también estupenda 😉
Y finalmente regresamos a Mytelene, la capital de Lesvos, al sudeste de la Isla; una ciudad que vive en parte hacia la galería del puerto; con un paseo lleno de terrazas repletas de sofás y silloncitos que invitan a echar una buena siesta regadita de las gotitas de agua que extienden los ventiladores de estos locales fashion.
En Mytelene todavía quedan restos de la fortificación defensiva [Kastro] en lo alto de la colina, algo que también había en el siguiente destino elegido, la isla de Chios. Y es que hay una larga historia de invasiones y guerras defensivas de los turcos principalmente aunque no sólo, y que me dio pie para argumentar que quizás la actitud agresiva al hablar que nos encontramos en los diferentes pueblos (bastante más agudizada en Chios) tiene el poso cultural -identidad?- de un pueblo que se ha pasado gran parte de su historia defendiéndose de los ataques e intentos de dominación, de asesinatos y aniquilaciones.
La salida de Mytelene fue por mar, en ferry 🙂
(continuará…)
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