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Otro modelo de sociedad es posible … invertiendo en igualdad para la sostenibilidad y democratización de la vida. Es tiempo de pasar a la acción sumando energías.

En primera personaParadojas

El miedo no suma puntos

Cuando era pequeña, solíamos asustarnos ante un ¡qué viene el coco! Uno de los resortes más utilizados por las personas adultas para reprimir o coartar el fluir de las cosas “no oportunas” e incluso para bloquear nuestras iniciativas espontáneas. Hasta que decidí hacerle frente y esperarle … y claro está, el supuesto “coco” no apareció. 😉

Así que de aquel plantón aprendí una lección muy útil que aún hoy tengo presente y que me sirve para identificar los intentos descarados de manipulación y de limitación de las expectativas.

La práctica de “meter miedo” sigue siendo algo demasiado común, en la vida pública y en algunas relaciones interpersonales; es la raíz del sistema basado en la dominación, que otorga concesiones arbitrarias para el disfrute de algunas libertades -más ficticias que reales-.

El principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación de masas, que hacen el juego a los partidos políticos y otro tipo de entidades ideológicas que lo utilizan, al dibujar hipotéticos escenarios de inseguridad, como arma básica del control social. La credulidad de la sociedad ante esta burda manipulación mediática consigue bloquear y anular el desarrollo de las libertades de una población temerosa.

La estrategia del miedo sigue siendo utilizada para fomentar la sensación de inseguridad, de vulnerabilidad y de necesidad de protección. Y de eso sabemos bastante la gran mayoría de mujeres:

Sabemos lo que cuesta diluir las relaciones de dependencia, de bloqueo emocional, de aislamiento y conformismo social.

Sabemos también cómo funcionan las represalias y las sanciones más o menos explícitas, más o menos públicas y más o menos familiares, cuando decidimos saltarnos el guión para darle una oportunidad a nuestros deseos, nuestros sueños y ambiciones.

Sabemos que las condiciones de valoración, de participación y de representación existentes son desiguales y que esa desigualdad se construye desde la división sexual.

Sabemos que la maquinaria institucional es no-inclusiva y que arroja a situaciones de marginalidad a una parte importante de la población, excluyéndola de las decisiones, del acceso a determinados recursos y por supuesto del control de los mismos.

Y también sabemos que eso de que las cosas son como tienen que ser es una trampa, un chantaje que pretende mantener el inmovilismo social, ante la incertidumbre de lo que no se sabe qué podría pasar.

Por eso, puesta a definir prioridades, no tengo dudas, lo que yo quiero es vivir sin miedo.
🙂

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