¿Más Europa? Mejor más Democracia

Cuando las instituciones y gobiernos establecen leyes y marcos de actuación injustos, haciendo caso omiso del sufrimiento que van a provocar, la desobediencia civil se convierte en la herramienta de legítima defensa que tiene la  ciudadanía ante el ataque a sus condiciones de su vida.

Cuando lo que está en peligro es la propia superviviencia, las personas tenemos derecho a reaccionar. En democracia,  los derechos fundamentales son el alimento básico con el que establecer nuestras condiciones de vida; así que, cualquier ataque a los mismos es un ataque a la posibilidades de superviviencia real que puede y debe ser contestado desde la ciudadanía, como personas afectadas por estas decisiones injustas.

Claro que también reaccionarán el ‘status quo’ y las instituciones que lo representan cuando perciban algún movimiento ciudadano que pueda poner en cuestión seguir gozando de la impunidad con la que gobiernan.

La criminalización de la protesta es una de las estrategias más reaccionarias desde el status quo, que pone en su punto de atención en las manifestaciones y asambleas ciudadanas, en las campañas de señalamiento público o escrache y también en la producción y divulgación de pensamiento crítico contra las diferentes formas de terrorismo de Estado. Desgraciadamente tenemos ya demasiados ejemplos de su practica cotidiana.

Un ejemplo muy clarito de cómo se revuelve el estatus quo es el ataque que está recibiendo la PAH en España y su práctica de señalamiento público o escrache a políticxs para que recuerden su responsabilidad en la votación de la ILP sobre dación en pago  y los efectos que su voto tendrá sobre las vidas de las personas. A la PAH la atacan, dicen que, por haber sobrepasado los límites entre la vida pública y la vida privada de lxs políticxs. ¡Menuda desfachatez!

Sus ‘señorías’ parecen haber olvidado dos hechos fundamentales: 1) Que las políticas públicas afectan a las condiciones de vida de las personas, hombres y mujeres, en todos sus ámbitos, el familiar, el personal, el laboral, el cultural, el sanitario, el de bienestar, el político, etc; es decir, tanto a lo privado como a lo público.  2) Que la historia nos enseña que el señalamiento, escarnio público o escrache es una práctica amplimente legitimada  por el status quo; de hecho la ha utilizado habitualmente, baste recordar algunos ejemplos.

  • La ‘letra escarlata’ se utilizaba para señalar con una “A” de adúlteras, a aquellas mujeres transgresoras en sus vidas sometidas al escarnio público ante una sociedad profundamente misógina, injusta e hipócrita.
  • Las listas de personas morosas con la banca son también un buen ejemplo de escarnio público y señalamiento para alertar a las instituciones financieras de quienes en el pasado hubieran tenido dificultades en el pago de sus deudas adquiridas.
  • Actividades comerciales como la del ‘Cobrador del Frac’ se han basado precisamente en el señalamiento y escarnio público, como estrategia de presión para modificar el comportamiento de alguien que supuestamente eludía sus compromisos de pago.

La diferencia fundamental es que esta estrategia está siendo apropiada por la ciudadanía como herramienta de incidencia política para recordar que las necesidades de las personas y sus condiciones de vida han de ser consideradas la prioridad en las decisiones políticas, por quienes dicen ejercer la representación pública. Sin embargo, como denuncia Ada Colau en sus declaraciones son las entidades financieras con la connivencia de Estado quienes están provocando el genocidio financiero actual.

Son ya muchas las evidencias que muestran que la troika (FMI, Comisión Europea y BCE) ha sustituido el gobierno para el interes de la ciudadanía europea por el interés del capital y la oligarquía financiera que opera en Europa. Las políticas de ajuste que está imponiendo como contrapartida de los ‘rescates’ anunciados, están provocando el expolio de los derechos fundamentales y el empobrecimiento de la población, con especial ensañamiento en el sur de Europa; con estas decisiones están cercenando las posibilidades de desarrollo humano sostenible en estos territorios.  Los supuestos ‘rescates’ aprobados en Irlanda, Grecia, Portugal, España y Chipre son la ‘mano que mece la cuna de otra colonización’, a través de la transferencia de rentas desde la ciudadanía a la banca y del trasvase del poder político, desde la soberanía ciudadana al poder financiero.

¿Cómo no va a reaccionar la ciudadanía ante este atentado? ¡¡Nos va la vida en ello!! Es un ataque directo a la democracia de las economías periféricas, orquestado desde el interés en defender a la banca alemana y de minorar el riesgo de recuperar el capital que han invertido en la deuda y en las burbujas inmobiliarias de estos países del sur.  Esto es precisamente lo que denunciaba Juan Torres en el artículo Alemania contra Europa, censurado por El País dicen que, por el siguiente párrafo:

“Merkel, como Hitler, ha declarado la guerra al resto de Europa, ahora para garantizarse su espacio vital económico. Nos castiga para proteger a sus grandes empresas y bancos y también para ocultar ante su electorado la vergüenza de un modelo que ha hecho que el nivel de pobreza en su país sea el más alto de los últimos 20 años, que el 25% de sus empleados gane menos de 9,15 euros/hora, o que a la mitad de su población le corresponda, como he dicho, un miserable 1% de toda la riqueza nacional”.

Como feminista que soy, tengo muy claro que lo personal es político y que lo político es personal. Y que toda decisión que nos aleje de la democratización efectiva de la sociedad es un germen a eliminar porque atenta contra los espacios de libertad, la convivencia en igualdad, la sostenibilidad de la vida y la justicia social y económica.

Así que, si Europa (zona Euro más específicamente) no es el marco para construir un nuevo modelo de sociedad  ¿por qué no apropiarnos de la posibilidad de construir otro marco de convivencia basado en la equivalencia humana y en la sostenibilidad de la vida?

 

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